Mundo ficciónIniciar sesiónC6-¿ATARSE A UN LOBO QUE NO AMA?
Su amigo lo miró como si le hubera crecido otra cabeza. —No puedo formar un vínculo. Yo no siento nada, sería un arreglo vacío. Rowan suspiró, pero no se rindió. —No todo se trata solo de emociones, Axel. También es estrategia. Además, yo tengo que volver al mundo humano; extraño a mi mujer y a mis hijos y me sentiré más tranquilo si sé que estás en buenas manos, con alguien que te mantenga fuerte y tenga de lo que tu careces. Axel bufó con su habitual frialdad metódica. —Puedo manejarme solo, no necesito una luna. Rowan negó como la paciencia de un hermano mayor. —No seas terco. También necesitas alguien que ponga orden en las tierras. La manada Cazadores se ha expandido demasiado, abarcando territorios salvajes sin ley. Pero si no quieres obedecer por tu cuenta, entonces... como tu alfa, te ordeno que te encargues de esas tierras. Gobierna con Arianne y sé el nuevo alfa allí. Es la solución perfecta para ambos. Axel no estaba a gusto; su mandíbula se tensó levemente y Arianne tampoco lo estaba; porque cruzó los brazos como si la idea de un vínculo forzado la repeliera. Pero el tiempo se agotaba tanto para ella, como para Axel. ¿Pero atarse a un lobo que no ama? ¿Eso era lo correcto? ¿Podría soportarlo? —Primero que nada, no soy un objeto que pueda ser reclamado —dijo Arianne tensa—. Ya pasé demasiado tiempo siendo propiedad de otros. Sin embargo... tampoco estoy de acuerdo con... mantener por largo tiempo esta unión... Sin embargo… —Repito: no necesito una luna—dijo Axel finalmente—. Pero la decisión es tuya. —¿Podrías hacerlo? —le preguntó—. ¿Tomar una luna sin sentir nada por ella? Arianne lo miró buscando algo en aquellos ojos, porque en el fondo... tontamente esperaba que él tuviera al menos un asomo de amor. Pero nada hubo. —Podría hacerlo —respondió el—. La pregunta es si tú podrías aceptar estar vinculada a alguien incapaz de amarte. La tensión entre ambos era casi palpable y Rowan los observaba, consciente de que estaba presenciando algo más complejo que una simple negociación. Arianne dio un paso hacia Axel y contuvo el aliento. —¿Qué pasaría si algún día recuperas tus emociones? —Eso no sucederá. Mi condición es permanente. —Nada es permanente —rebatió ella dandose la vuelta para que ni el, ni Rowan vieran el dolor en sus ojos. Axel la observó y entonces puso su condición. —Cuando todo termine —dijo sin saber por qué le costaba decir tales palabras—. Te dejaré. Arianne se giró y lo miró sin entender y Axel fue todavía más claro. —Cuando recuperes tu manada y mate a Ezequiel, yo... te dejaré libre. Y así... podrás encontrar a alguien, la diosa te dará tu segunda oportunidad y cuando aparezca, lo que sea que pase conmigo ya no debe importarte. Arianne tragó con el pecho apretado, porque una vez más la estaba rechazando. El territorio de la manada Luna Oscura, que ahora pertenecia a la manada Cazadores, se extendía majestuoso entre las colinas boscosas y los valles profundos. La fortaleza de piedra, se alzaba imponente sobre un acantilado, dominando todo el territorio y aquella tarde, todo bullía de actividad. Los sirvientes corrían de un lado a otro cargando pieles, antorchas y grandes bandejas de carne. El gran salón estaba siendo decorado con estandartes que mostraban el emblema de la manada: un lobo aullando bajo la luna llena. La celebración que se avecinaba no era cualquier evento; era la presentación oficial de la nueva Luna, la compañera del Alfa. Todos en la manada sabían que la unión entre Axel, recien nombrado Alfa, y Arianne, la princesa extranjera, había sido acordada como parte de un tratado. Y también conocían la verdad: Axel era un lobo resucitado y necesitaba recargarse de la energía vital de su compañera para mantener su fuerza, un secreto que solo los miembros de la manada guardaban celosamente. El murmullo de las conversaciones se detuvo cuando las puertas del gran salón se abrieron de par en par. Axel entró primero, su figura imponente vestida con una capa de piel de oso gris sobre los hombros y a su lado caminaba Arianne, con un vestido azul profundo que contrastaba con su piel pálida. Sus ojos recorrían cada rincón del salón, estudiando a quienes serían ahora su nueva familia y le resulto tan diferente a su hogar, más austero, más primitivo, pero con una belleza salvaje innegable. Axel la condujo hacia un grupo de lobos que esperaban cerca del trono tallado en piedra. —Mi círculo de confianza —anuncio—. Kaelen, mi consejero principal. Señaló a un lobo de cabello entrecano y ojos astutos que apenas inclinó la cabeza. —Y Dorian, su hijo, nuestro mejor lobo sanador a pesar de su juventud. A diferencia de su padre, Dorian ofreció una sonrisa cálida a Arianne y una ligera inclinación de cabeza cuando sus miradas se encontraron. No había recelo en sus ojos, sino una curiosidad genuina que resultó reconfortante para ella. —Esta noche —continuó Axel dirigiéndose a todos los presentes—, celebraremos la unión que fortalecerá a nuestra manada. La ceremonia de vinculación comenzará con la luna llena, cuando nuestros ancestros puedan ser testigos. Kaelen dio un paso adelante, su expresión severa. —Alfa, con respeto... Una princesa extranjera... es un riesgo. ¿Y si su lealtad es débil? El silencio cayó pesado sobre el salón y Arianne sintió todas las miradas sobre ella, evaluándola, juzgándola. —Su lealtad esta garantizada—respondió Axel con frialdad, sus ojos brillando con un destello dorado amenazador—. Es mi decisión y tambien la última palabra sobre este asunto. Sin más, Axel se alejó para hablar con otros miembros de la manada, dejando a Arianne sola en medio de un mar de rostros desconocidos. Dos mujeres se acercaron a ella, identificándose como sus mucamas asignadas, listas para llevarla a sus aposentos. Antes de que pudiera seguirlas, Dorian se aproximó con paso casual. —No todos pensamos como mi papá —dijo en voz baja, solo para ella—. Él... tiene sus dudas, pero yo no... —Sonrió de nuevo, con una calidez que parecía fuera de lugar en aquel ambiente tenso—. Bienvenida, Luna. Si necesitas un mapa para no perderte en esta fortaleza de piedra fría, aquí estoy. Su tono era ligero, un contraste refrescante con la hostilidad que había percibido. —Gracias —murmuró—. Creo que lo necesitaré. Pero desde las sombras de una columna, unos ojos fríos observaban la escena. Sasha, una loba beta de cabello negro como la noche, no perdía detalle, su rostro, hermoso pero duro, no ocultaba el desprecio que sentía. Kaelen se acercó y se detuvo a su lado, siguiendo su mirada hacia donde Dorian conversaba con Arianne. —Dos débiles —murmuró. Sasha apretó los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos. —¿Una extranjera, papá? Se supone que yo sería la elegida —siseó entre dientes. —Tranquila, hija —respondió el viejo lobo, colocando una mano sobre su hombro—. Los acuerdos políticos son necesarios, pero temporales. —Una sonrisa siniestra se dibujó en sus labios—. Y nuestra invitada descubrirá que su vida sera un infierno si decide quedarse aquí.






