Mundo ficciónIniciar sesiónC2-CAOS EN LA CEREMONIA
Meses después... La manada de las Tierras del Norte despertó bajo un cielo blanco y limpio. El valle estaba vivo: había risas, música de tambores, voces mezcladas, niños corriendo entre antorchas y estandartes porque era un día sagrado, era el día de la unión. Arianne permanecía en su habitación, de pie frente al espejo y el vestido ceremonial caía sobre su cuerpo, pero ella se sentía como una prisionera vestida de seda. Se veía hermosa, si. Pero no queria esa boda, el lobo con el que se iba a unir, no era su mate. Su madre adoptiva, en realidad su tia, quien la había acogido cuando quedó huérfana tras el brutal asesinato de sus padres biológicos, se acercó y le acomodó un mechón suelto. —Estás preciosa —dijo dandole una sonrisa—. Pero... ¿qué te pasa? Desde que regresaste de esa misión has estado distinta. Arianne bajó la mirada un segundo y sintió el nudo conocido apretarle el pecho. Aunque Axel la habia rechazado, romper el compromiso era imposible, el consejo de la manada había sido implacable: como huérfana y heredera de sangre, debía unirse a Ezequiel para fortalecer las fronteras. No era una opción, era un mandato. —Son nervios, tia —respondió rápido—. Cosas de novia. Su tia la observó con atención, como si supiera que el corazón de Arianne no estaba en esa habitación, sino perdido en algún lugar, pero no insistió y le acomodó los hombros, orgullosa. —Ok, entonces… sonrie cariño. Hoy es tu boda. Le obedecio, pero por dentro se rompía en silencio. Aunque el tiempo había pasado, el dolor seguía intacto. Axel seguía ahí, incrustado en cada latido. No importaba cuántas noches hubiera intentado convencerse de que lo había superado, la verdad era que aún lo amaba con una desesperación que la quemaba. Lo extrañaba aun con el dolor de su rechazo. Su loba, Nova, rugía en su interior, furiosa, dolida, negándose a aceptar esa unión, pero ella iba a intentarlo. No por amor, sino por deber. Y tambien por que tenia la esperanza de que algún día el recuerdo de Axel dejara de doler. De que, con esfuerzo, pudiera amar a Ezequiel... aunque no fuera su destinado. Su tia terminó de arreglarla y la besó en la frente. —Listo. Es momento de que bajes, el consejo y Ezequiel estan esperando. Arianne se miró una última vez en el espejo, sus ojos estaban tristes, pero también llenos de determinación. —Lo voy a olvidar —susurro—. Por la diosa... así como él me hizo a un lado y me llamó patética, yo también lo haré. No puedo seguir amando a un hombre que me mira y solo ve recursos y estrategia. Apretó la tela del vestido entre los dedos y salió. El altar de piedra estaba rodeado por el consejo. Alaric, el esposo de su tia y a quien ella amaba como a un padre, la miraba con orgullo desde su lugar de honor. A su lado, estaba Ezequiel. Era un lobo rojizo, hijo de uno de los miembros más antiguos del consejo, guapo, impecable, con una sonrisa que todos admiraban... menos ella. Aun así, caminó hacia él con un vacío frío en el estómago y cuando llegó, él tomó sus manos. —Estás hermosa —murmuró—. Futura luna. Arianne sonrió forzadamente, sintiendo cómo su piel se erizaba por el rechazo instintivo hacia su contacto. La ceremonia comenzó y las palabras antiguas dichas por el anciano mas viejo, llenaron el aire y cuando Arianne estaba a punto de pronunciar sus votos aceptando a Ezequiel como su legítimo compañero, el primer aullido rompio la calma. Lobos guerreros emergieron de los árboles, como máquinas de matar, más grandes y más oscuros. Sus colmillos, largos y afilados brillaron en el aire y lo que antes era algarabía se volvió horror, gritos y caos Los guerreros se lanzaron a defender, sus transformaciones en lobos eran rápidas, pero sus movimientos eran más lentos, menos coordinados, incapaces de frenar la marea oscura que los engullía. El caos se apoderó de todo. Fue entonces cuando el tiempo pareció detenerse. Un silencio cayó entre los presentes y el aire vibró con una energía cruda. Arianne sintió una punzada, un escalofrío que le recorrió la columna vertebral y le puso la piel de gallina. Su corazón, que antes latía desbocado por el pánico, ahora se aceleró de una manera diferente, un ritmo frenético y desordenado que la dejó sin aliento. Nova rugió en su interior, no con furia, sino con reconocimiento. Porque una figura imponente se abrió paso entre los lobos atacantes, que se apartaron con reverencia y pronto la visión la golpeó como un rayo. Era alto, de una estatura imponente, su cuerpo estaba cubierto por una armadura negra, el cabello oscuro, caía hasta sus hombros de forma salvaje, enmarcando un rostro cincelado, en su perfección fría. Pero lo que la dejó sin respiración fueron sus ojos que brillaban con un dorado metálico y no había calidez, solo poder. Arianne sintió que el mundo giraba a su alrededor, su voz echa un hilo que salio, mientras su mente se negaba a aceptar lo que veía. —¿A-Axel? —musitó.






