C7- CUMPLE TU PARTE DEL TRATO

C7- CUMPLE TU PARTE DEL TRATO

Esa noche, el gran salón de la fortaleza se había transformado para la ocasión, velas doradas y antorchas bañaban el espacio y pétalos de lunarias y dedaleras plateadas cubrían el suelo de tierra apisonada, creando un camino que conducía al centro, donde ardía un fuego ceremonial. La manada al completo, se había reunido, todos esperaban, con una mezcla de curiosidad y recelo, la unión de su Alfa con la extranjera.

Mientras tanto, en una habitación, Arianne respiraba profundamente mientras sus nuevas mucamas la ayudaban a vestirse. Una loba llamada Mara ajustaba los pliegues de la túnica ceremonial de lino color plata que ceñía su figura, mientras otra llamada Hariett, aseguraba el cinturón de cuero trenzado alrededor de su cintura.

—Estás preciosa, mi senora —susurró Mara con una sonrisa—. Es la loba mas bonita de la manada.

Hariett, más pragmática pero igualmente emocionada, le apretó la corona lunar sobre la cabeza.

—Si… y seguramente Sasha, ardera de envidia por eso.

Al decir el nombre, la otra loba le abrio los ojos con una senal de: callate.

Sin embargo, Arianne, no le dio importancia, tenia otros asuntos mas preocupantes. Por ejemplo: su noche de apareamiento con Axel. La sola idea le aterraba y emocionaba. 

Y a decir verdad, no sabia como sentirse.

Las mucamas terminaron y ella asintió, agradeciendo silenciosamente su presencia y cuando finalmente se miró en el espejo de bronce, vio a una novia. 

Dentro de ella, Nova, se agitaba inquieta, buscando ansiosamente a su compañero, pero Arianne no estaba feliz, porque un vínculo que debería ser natural, sagrado, estaba convertido en una transacción política.

—Es hora —anunció Hariett.

Arianne salio y cuando llego, en el otro extremo del salón, frente al fuego central, Axel la esperaba. 

Su figura alta e imponente vestía completamente de negro, con una capa de piel sobre los hombros anchos, su postura era erguida, impecable, como la de un soldado en formación. 

El chamán de la manada, un viejo lobo ciego de barba blanca y rostro surcado por cicatrices, se adelantó cuando Arianne, finalmente llego al altar. 

Y el silencio se hizo aún más profundo.

—Nos reunimos bajo la mirada de la luna y nuestros ancestros —comenzó el anciano—. Para unir fuerzas, para sellar un pacto de lealtad, para proteger nuestro territorio y asegurar la continuidad de la manada.

No dijo ni una sola palabra sobre amor. Ni una mención a la felicidad compartida. Solo poder, territorio y supervivencia.

Arianne se mantuvo firme, sintiendo cada mirada como un peso sobre ella. Algunas expresaban simple curiosidad, otras desconfianza abierta. Pero ninguna tan intensa como la de Sasha, quien ocupaba un lugar privilegiado en primera fila. Su sonrisa tensa y sus ojos ardientes de envidia no intentaban disimular lo que sentía: esta debería haber sido su ceremonia.

Y mientras la ceremonia avanzaba, Nova se agitaba más dentro de ella, reconociendo instintivamente a su compañero destinado, pero el ni siquiera la miró directamente, sus ojos se fijaron en un punto lejano, como si contemplar su rostro fuera demasiado esfuerzo.

A pesar de ello, ella no pudo evitar notar detalles en él y le resulto hermoso de una manera salvaje y peligrosa, como un depredador perfecto. Entonces el chamán tomó sus muñecas derechas y las ató con una cuerda de lino blanco teñida con bayas de saúco.

—Este lazo representa la unión inquebrantable entre Alfa y Luna —explicó—. Lo que ahora se une, que ningún lobo lo separe.

Arianne busco alguna reacción en Axel, algún indicio de que dentro de ese cuerpo había algo más que hielo y deber. Pero su rostro seguía siendo una máscara impenetrable.

—La marca sellará el pacto —continuó el chamán con solemnidad—. La sangre de uno alimentará la fuerza del otro.

Sin vacilar, Axel sacó un puñal de su cinturón, el filo brilló bajo la luz de las antorchas, tomó la mano de Arianne y con un movimiento preciso hizo un corte limpio en su palma. 

Ella contuvo un jadeo, no tanto por el dolor como por la frialdad del gesto.

Luego, sin cambiar de expresión, Axel hizo lo propio en su mano. 

El chamán unió sus palmas sangrantes, la cuerda blanca comenzó a teñirse de rojo, absorbiendo la mezcla de sus sangres. Era el momento sagrado, el instante en que los lobos de la pareja debían reconocerse y aullarse mutuamente, Nova respondió al llamado ancestral. Dentro de Arianne, aulló con toda la fuerza de su ser.

Pero en Axel... no paso nada. 

Blaze, su lobo, permanecía sepultado bajo la frialdad de la resurrección, incapaz de responder al llamado. 

El vacío golpeó a Arianne como un puño físico y una lágrima amenazó con escapar, pero ella se negó a dejarla caer. Porque no mostraría debilidad ante la manada que ahora debía dirigir junto a este hombre de hielo.

Fue entonces cuando notó algo. 

Por un brevísimo instante, los ojos de Axel bajaron hacia ella y su la mirada recorrió, fue apenas un segundo, pero había algo en esa mirada. Y supo que no era ternura, ni siquiera aprecio, sino algo más primitivo. 

¿Deseo? ¿Hambre? ¿Lujuria?

Fuera lo que fuese, desapareció tan rápido como había llegado. El chamán desató la cuerda manchada y anuncio.

—¡Quedan unidos! ¡Ante la manada, ante la luna y ante los ancestros!

Un rugido colectivo se elevó entre los presentes y Axel levantó su mano marcada, mostrándola a la manada. Luego, bajó la mano y por primera vez desde que comenzó la ceremonia, habló directamente a Arianne.

Su voz era clara pero hueca, fria y formal.

—Ya eres mi, Luna. Ahora.. cumple tu parte del trato.

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