Mundo ficciónIniciar sesiónC3-LA UNICA QUE PUEDE MANTENERME VIVO
Axel no se detuvo hasta estar a un par de metros de ella. Miró a Arianne, pero en sus ojos dorados no hubo el menor rastro de reconocimiento o alivio; solo la analizó de arriba abajo como si estuviera comprobando el estado de una mercancía valiosa. —¿Se puede saber quien eres tu, imbécil—escupió Ezequiel, dando un paso al frente con una expresion que no ocultaba su rabia—. Este territorio y esta mujer me pertenecen y ahora... nada evitará que ahora mis hombres te despedacen. Axel ni siquiera se inmutó ante la amenaza. Su mirada se mantuvo en Arianne, quien aun no terminaba de asimilar que el hombre que amaba, estaba ahí. Nova en su interior estaba mas agitada que nunca y ella… ella no impidio que en su corazon, se formara una vez mas la esperana. «¿Vino por mi? ¿El vino a reclamarme? ¿Oh,diosa… le has devuelto sus emociones…?» —La unión es inválida porque se basa en un engaño —respondió Axel, ya fijando sus ojos en el lobo pelirrojo—. No he venido por el territorio, ni por sentimentalismos. He venido por la verdad… una que ella me pidio que encontrara. Arianne sintió un escalofrío. Recordó la última noche antes de la guerra, cuando le había suplicado que la ayudara a descubrir quién había masacrado a sus padres biológicos. Aquellos Alfas de la Estirpe de Plata eran demasiado poderosos para haber caído en una simple emboscada de lobos errantes, como el Consejo siempre creyó. Pero para sorpresa de todos, Axel había pasado meses siguiendo rastros invisibles y hasta hoy, no había tenido la pieza final. —¿De que verdad hablas? No tienes nada aquí —gruñó Ezequiel, intentando recuperar su postura dominante ante los ancianos del Consejo que observaban confundidos—. El Consejo sabe quién soy. ¡Soy su protector y futuro companero! —El Consejo fue engañado por un parásito —replico Axel de forma mecánica y luego la miró—. Tus padres biológicos, Arianne, no murieron por un accidente. Murieron porque se negaron a permitir que la familia de Ezequiel tomara el control de las minas de cristal de la manada. Por eso lo rechazaron cuando pidió tu mano. Axel miró a Ezequiel con ira contenida. —La firma de energía en tu daga coincide con las heridas de muerte del padre de Arianne, luego de matarlos... fingiste ser el compañero perfecto y engañaste a todos para estar cerca del trono. No solo lo planeaste; tambien diste el golpe final mientras ellos estaban vulnerables. Arianne sintió que la sangre se le congelaba, miró a Ezequiel, el lobo al que estaba a punto de entregarle su vida, y vio la verdad en su rostro pálido y desencajado. —Tú... —susurró con una voz que ahora vibraba de odio—. ¡Tú mataste a mis padres! Diveana, latia de Arianne, se adelantó entre la multitud con el rostro descompuesto por la revelación. —¿Es esto cierto, Ezequiel?¡¿Mataste a mi hermana?! Ezequiel, acorralado, mostró su verdadera naturaleza, su cara se transformó en una máscara de crueldad. —¡Cállate, vieja entrometida! —rugió—. Siempre metiéndote donde no te llaman. Y con un movimiento veloz, desenfundó otra daga y la lanzó directamente al pecho de Diveana. El arma se clavó con precisión mortal antes de que nadie pudiera reaccionar. —¡Tia! —El grito desgarrador de Arianne resonó mientras corría hacia ella, quien caía lentamente con los ojos abiertos por la sorpresa. Alaric, su companero, rugió de dolor y se abalanzó sobre Ezequiel, pero uno de los guerreros leales a el, lo interceptaron, atravesándolo con una espada. —¡NO! —Arianne quedó paralizada entre los cuerpos de sus padres adoptivos, su vestido blanco ahora manchado con su sangre. El caos estalló. Los invitados corrían en todas direcciones mientras los guerreros de Ezequiel desenfundaban sus armas y aprovechando la confusión, Ezequiel se movió como una sombra, agarrando a Arianne por el cuello y tirando de ella hacia atrás y colocó la daga impregnada de runas en su garganta. —¡Atrás! —exigio, con los ojos inyectados en sangre—. ¡Si das un paso más, le corto el cuello! Cualquier hombre que amara habría gritado o suplicado. Pero Axel permaneció inmóvil, no mostró miedo, ni rabia, ni siquiera urgencia. —Tu amenaza es ineficaz, no me importa—dijo con frialdad—. Pero necesito que ella esté viva, sin embargo... tu eliminación, si es una prioridad táctica. Ezequiel, aterrado por esa falta total de empatía, presionó la daga con más fuerza, Arianne sintió un dolor agudo y un fino hilo de sangre brotó de su piel, deslizándose por su cuello y manchando el escote de su vestido. Los ojos dorados de Axel se contrajeron de forma casi imperceptible. Una vibración cruda y peligrosa emanó de él, una furia silenciosa. No había emociones en su rostro, ni un destello de amor en sus ojos, pero su cuerpo se tensó. Porque algo en lo más profundo de su ser, un instinto que ninguna muerte había podido borrar, reaccionó a la vista de la sangre de Arianne. Y en un parpadeo, se movió. Fue tan rápido que la vista apenas alcanzó a ver una sombra negra. Axel no intentó negociar; simplemente avanzó como un rayo y Ezequiel, en su pánico, lanzó un tajo, pero Axel interceptó el brazo con su propio hombro, permitiendo que la daga rúnica se hundiera en su carne. Arianne gritó cuando vio la sangre oscura de Axel manchar su vestido de novia, pero él ni siquiera parpadeó ante el dolor. La herida en su hombro sangraba, pero el no mostró señal de debilidad y con un movimiento seco y poderoso, golpeó el pecho de Ezequiel con el dorso de su mano acorazada, lanzándolo varios metros hacia atrás, lejos de ella. Ezequiel rodó por el suelo tosiendo sangre, y al ver que los guerreros de Axel se cerraban sobre él y que el Consejo ya pedía su cabeza por la traición, aprovechó una cortina de humo rúnica para transformarse y huir hacia lo profundo del bosque como la rata que era. Arianne cayó de rodillas viendo la herida en el hombro de Axel donde la daga aún goteaba veneno rúnico y el miedo y la preocupación por él se mezclaron con su dolor. —¡Axel, estás herido! —exclamó, intentando tocarlo con manos trémulas, su corazón latiendo por él a pesar de todo. Pero el se apartó bruscamente antes de que ella pudiera rozarlo y se limitó a observar la herida en su brazo con la misma indiferencia con la que se mira una pieza desgastada. —El daño es superficial —dijo sin mirarla a los ojos—. Levántate, Arianne. El traidor ha escapado, pero tu seguridad aquí es nula. Te vienes conmigo eres la última de tu estirpe y también la única que puede mantenerme vivo. Ella se quedó paralizada, con los ojos tan abiertos que parecían ocupar la mitad de su rostro. Su mente intentaba procesar las palabras que acababa de escuchar mientras y durante varios segundos, lo único que pudo hacer fue mirarlo como si de repente Axel se hubiera transformado en una criatura de otro mundo. —¡¿Qué?! —logró articular finalmente, antes de desmayarse.






