La noticia de la destrucción del puerto de Varna llegó a la Mansión Vieri con informes de inteligencia de la OTAN. El golpe de Dimitri había sido devastador, paralizando la ofensiva de Nikolai en Italia casi por completo.
Alessandro estaba en la sala de guerra con Aurora y Valeria. La rabia que había sentido se había enfriado en una especie de respeto a regañadientes.
—Ha funcionado. Nuestro sacrificio en el sur compró el tiempo para que él cortara su garganta logística —dijo Alessandro.
—No fue él. Fue Valentina —corrigió Aurora—. Nadie más que ella tiene la precisión digital para ejecutar un golpe así. Tu melliza está luchando por su vida y la está ganando.
Valeria asintió con una mirada de orgullo y temor. —Esto valida tu decisión, Alessandro. Ahora, mientras Nikolai reajusta sus fuerzas, la familia debe actuar.
Aurora se acercó al mapa. El caos de Nikolai era una oportunidad que no podían desperdiciar.
—Nikolai está herido. Si atacamos ahora, lo terminamos. Pero nuestro foco no de