Tres meses habían pasado desde que las cenizas del aserradero se enfriaron y el nombre de Nikolai Yuri fue borrado de la historia. La Mansión Vieri había recuperado su esplendor, pero ahora palpitaba con una energía diferente.
La puerta principal se abrió de par en par. Dimitri entró primero, cargando varias bolsas, seguido de una Valentina radiante, cuya barriga de seis meses ya era imposible de ocultar.
—¡FAMILIA! —gritó Valentina, su voz resonando en el gran salón—. ¡Tenemos una sorpresa! ¡V