Tres meses habían pasado desde que las cenizas del aserradero se enfriaron y el nombre de Nikolai Yuri fue borrado de la historia. La Mansión Vieri había recuperado su esplendor, pero ahora palpitaba con una energía diferente.
La puerta principal se abrió de par en par. Dimitri entró primero, cargando varias bolsas, seguido de una Valentina radiante, cuya barriga de seis meses ya era imposible de ocultar.
—¡FAMILIA! —gritó Valentina, su voz resonando en el gran salón—. ¡Tenemos una sorpresa! ¡Vengan todos ahora mismo!
No tardaron ni diez segundos. Demian bajó las escaleras casi trotando, seguido de una Valeria que intentaba calmarlo, y un Alessandro que aparecía desde su despacho.
—¡Ya era hora, traidora! —rugió Demian antes siquiera de saludar—. ¡Me encerraste fuera de la clínica! ¡Me pusieron tres guardias en la puerta porque escuché perfectamente cuando el Dr. Moretti dijo que hoy se dejarían ver! ¡Soy el Patriarca y me trataron como a un prisionero de guerra!
Valentina soltó una c