La clínica privada en el ala médica de la Mansión Vieri estaba custodiada por un ejército. Dentro, el ambiente era más tenso que en un campo de batalla. Valentina estaba sentada en la camilla, tratando de mantener la compostura mientras cuatro hombres imponentes —Dimitri, Alessandro, Dante y Demian— llenaban la habitación con su presencia opresiva.
Un hombre de cabello canoso y manos temblorosas entró en la sala, ajustándose las gafas. Demian lo miró con los ojos entrecerrados.
—¿Moretti? —rugió el Patriarca—. ¿No se había jubilado usted hace algunos años después de aquel "incidente" con el embarazo de mi querida nuera?
El Dr. Moretti suspiró, colocando el gel sobre el monitor de ultrasonido.
—Lo había hecho, Demian. Estaba disfrutando de mi retiro en la Toscana —respondió el doctor con amargura—. Pero tumbaron mi puerta a las tres de la madrugada diciendo que una Vieri estaba embarazada. Quise negarme, pero ya conozco cómo son ustedes. No aceptan un "no" por respuesta, especialmente