La clínica privada en el ala médica de la Mansión Vieri estaba custodiada por un ejército. Dentro, el ambiente era más tenso que en un campo de batalla. Valentina estaba sentada en la camilla, tratando de mantener la compostura mientras cuatro hombres imponentes —Dimitri, Alessandro, Dante y Demian— llenaban la habitación con su presencia opresiva.
Un hombre de cabello canoso y manos temblorosas entró en la sala, ajustándose las gafas. Demian lo miró con los ojos entrecerrados.
—¿Moretti? —rugi