El trayecto hacia el norte fue un viaje a través de un vacío absoluto. Dimitri conducía el vehículo blindado, acostumbrado a la violencia y a la muerte, pero incluso él sentía la presión que emanaba de Matteo en el asiento del copiloto. El joven Vieri no revisó su teléfono, no pidió actualizaciones, ni siquiera parpadeó mientras cargaba los cargadores de su arma con una cadencia hipnótica.
—Tu madre está preocupada, Matteo —dijo Dimitri, rompiendo el silencio—. Dice que te pareces demasiado a t