El Refugio Blanco era el último santuario de Demian Vieri: una bóveda de información escondida en las colinas toscanas, diseñada para ser impenetrable. Dimitri y Valentina se movían con una eficiencia que había superado la necesidad de palabras. Eran socios en la guerra, amantes por necesidad, y una bomba de tiempo lista para explotar.
Matteo, desde la distancia y operando solo con un canal encriptado, proporcionó el mapa de los accesos de servicio, la última prueba de su traición a su padre.
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