El regreso a Milán fue silencioso, tenso y violento. La adrenalina de la incursión en Génova y la rabia contenida de Dimitri por la presencia de Nikolai habían convertido el aire en una sustancia espesa e irrespirable. La destrucción de la logística Yuri era una victoria, pero el coqueteo abierto de Nikolai con Valentina era una ofensa que Dimitri no podía ignorar.
En cuanto las puertas blindadas del ático se cerraron, la máscara de estratega cayó. Dimitri se giró hacia Valentina, sus ojos oscuros por una furia primitiva.
—Él te tocó. Él te miró como si fueras una mercancía que podía comprar —siseó Dimitri, arrojando el arma sobre la mesa de cristal.
—Soy la hija de Demian Vieri, Dimitri. Soy una moneda de cambio para cualquiera en este mundo. ¿O acaso tú no me usaste de la misma manera? —replicó Valentina, su voz firme, negándose a mostrar miedo.
Dimitri se lanzó hacia ella, la distancia entre ambos se hizo cero en un instante. La tomó por los brazos, sus manos firmes y peligrosas.
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