Los días siguientes fueron horribles.
Alessandro me había dicho que tuviera paciencia con Isabella, que era solo una etapa. Pero esa mocosa me hacía la vida imposible y ya no sabía qué hacer. No importaba cómo lo intentara, siempre terminaba odiándome más. Y lo peor era que empezaba a entender por qué. Yo había llegado a cambiar todo lo que conocía, a dividir la atención del único padre que tenía.
Una mañana decidí hacerle panqueques. Sabía que le gustaban porque los había visto desayunar con M