Mi amor por él volvió en un segundo, pero también mi memoria de haber sido su princesa. Solo que ahora era una princesa con la corona rota.
—Tu supiste todo este tiempo y no dijiste nada — acuse al tío.
—Yo lo supe hace dos meses. Tu padre no apareció hasta que se recuperó por completo. Lo trajimos aquí y convencí a Victoria de mudarse a la casa grande por eso. De alguna manera estaban todos cerca.
—¿Y quién más sabe esto?
—Por ahora nosotros y Fabiola. No podemos confiar en nadie.
—Ya veo que