Los sueños con él se volvían cada vez más vívidos, más extraños. Todas las putas noches lo veía: en la playa, en la terraza, entrando a la habitación o inclinándose en la cuna. Pero ya no se lo contaba ni a Luna porque me miraban como la viuda trastornada que no superaba la muerte del marido. Decidí terminar de volverme loca en silencio.
El médico vino a verme otra vez. Alessandro insistió tanto que terminé cediendo solo para que dejara de joder. Que si el bebé, que si mi presión, que si neces