Esa mocosa insoportable necesitaba un buen baño con agua helada, a ver si así se le bajaban los humos. Mucho no podía culparla, estaba acostumbrada a eso y se le notaba en los ojos que muy feliz no era. Un poco de pena me daba, pero se ponía gritona e histérica… No había forma de hablarle bien.
—Disculpa a Isabella —dijo Massimo, pasándose una mano por el cabello—. Se crio sin una madre, a veces no sabe comportarse.
—Es una caprichosa.
—Lo sé…
—Y es tu culpa.
—Lo sé.
—Pero no es una mala niña,