Las luces que no me alcanzan
Lucas había muerto.
Unos días antes del funeral, Mariana ordenaba sus cosas cuando encontró un álbum grueso.
En la portada, escrito con letras firmes, se leía: Amor eterno.
Lo abrió... y allí no estaba ella, la esposa legítima.
Era Helena, la joven que Lucas había acogido años atrás.
Pero lo peor no era eso: toda la herencia de Lucas también quedaba a nombre de ella.
Mariana murió con el corazón envenenado por el rencor.
Y, sin entender cómo, al cerrar los ojos los volvió a abrir... en el pasado.
Exactamente en la víspera de su boda con Lucas.
Esta vez no pensaba entregarle la vida entera. Decidió vivir para sí misma, perseguir sus propios sueños y marcharse lejos.
Lo que nunca imaginó fue que, al verla marcharse, Lucas perdería la cabeza y la buscaría con desesperación por todas partes.