LA LUZ DE LA OMEGA RECHAZADA
Rena, una Omega, no gritó cuando la arrastraron. Había aprendido hacía mucho que nadie acudía cuando una Omega lloraba. La vara cayó. Los guardias rieron. Alice observaba. Esa era su vida: vendida, trasladada, usada. Pasada de una habitación fría a otra. Un nombre que nadie se molestaba en recordar.
Hasta el día en que él entró.
Alpha Darien. Ojos fríos. Pasos silenciosos. Un hombre que no miraba dos veces a nadie. Los otros compradores agarraban, inspeccionaban, hablaban por encima de las Omegas como si no estuvieran allí. Él se mantenía aparte. No tocaba. No hablaba.
Entonces la miró a ella.
No a su cuerpo, no buscando defectos. Miró su rostro. Sus ojos. Como si buscara algo que nadie más había visto jamás.
Ella esperó a que él se alejara. Siempre se alejaban.
En cambio… la compró.
Sin explicación. Sin amabilidad. Solo una mano levantando su barbilla, una voz diciendo «esta», y monedas cambiando de manos.
No sabe por qué la eligió. No sabe por qué le dio una habitación con una puerta que se cierra, por qué nadie levanta una mano contra ella, por qué la observa desde el otro lado del patio con una expresión que no puede leer.
La salvó de un mundo. Pero no sabe si este es diferente.
¿La ve? ¿O solo quiere poseerla?