Placeres Prohibidos
En el corazón de Estados Unidos, bajo el techo de una familia compuesta que aparenta perfección, Savannah Montgomery vive una realidad asfixiante. Tras la unión de sus padres, lo que prometía ser una convivencia tranquila se convierte en un terreno minado de deseo y poder. Benedict y Kaelen Cavendish, sus hermanastros, han crecido bajo un código propio de excesos y privilegios, acostumbrados a reclamar todo lo que desean sin rendir cuentas a nadie.
Para los hermanos, compartir nunca ha sido un problema; es parte de su naturaleza depredadora. Al principio, Savannah fue solo un capricho nuevo, un experimento compartido tras puertas cerradas. Sin embargo, lo que se suponía que sería una aventura pasajera pronto se fractura para convertirse en algo mucho más oscuro: una obsesión febril.
La inocencia de Savannah se desmorona ante el asedio constante de dos hombres que no conocen límites. Atrapada entre Benedict y Kaelen, se adentra en un juego de dominación sin retorno, donde la moral es un obstáculo que ellos están dispuestos a demoler. Cada encuentro es más intenso que el anterior, cada caricia una marca de propiedad, y cada noche se transforma en una espiral de sexo salvaje que los consume a los tres por igual.
En una casa que debería ser un hogar, Savannah descubre que no es una hermana, sino un trofeo en medio de un pacto de sangre. Los hermanos Cavendish han decidido que no permitirán que nadie más la toque, ni que ella intente escapar de la red de placer y posesión que han tejido a su alrededor. En este juego de hermanastros, el deseo es una sentencia, y la única regla es que, una vez que han probado el fruto prohibido, no tienen intención de dejar de devorarlo.