Nunca en mi vida me había sentido tan ligera al confesar algo que llevaba atascado en mi garganta desde hacía un par de semanas. Creí que luego de mi divorcio me sería difícil soltar una confesión como la de ahora, pero no era así, y eso se debía a que Arvid me daba una tranquilidad que me hacía sentir segura.
Tener sus intensos ojos sobre los míos y esa media sonrisa dibujada en sus labios hizo que mi pecho se inflara y latiera con prisa. Esperé su beso, pero este no llegó; en su lugar sentí c