Cuando su jornada laboral terminó, Becca supo exactamente a dónde quería ir. Ya había tenido suficiente: de los reclamos, de los gritos, de los enfrentamientos con su hermano. Solo deseaba paz.
Así que fue directo al único lugar que últimamente sentía como un verdadero hogar.
Asher abrió la puerta apenas tocó el timbre. Bastó una mirada para leer en su rostro lo que pasaba.
—¿Qué pasó? ¿Estás bien? —preguntó, con el ceño fruncido y la voz cargada de preocupación.
Becca no respondió. Solo lo abr