—¡Harika! —exclamó Becca, fingiendo severidad—. Esas son cosas de grandes, no tienes que preguntar por eso.
La pequeña frunció el ceño, aún más intrigada.
—Pero yo escuché clarito…anoche cuando iba por agua.
Asher carraspeó, intentando poner orden.
—Princesa, a veces los adultos…hacemos cosas, que nos dan mucha emoción.
Becca lo fulminó con la mirada, sabiendo que estaba disfrutando cada segundo de su incomodidad.
Harika, confundida, se encogió de hombros y se concentró en acariciar la manita d