Las voces oscuras del pasado no se silencian con facilidad. A medida que la madrugada se filtraba por la ventana, Becca se retorcía entre las sábanas, atrapada en una pesadilla que no terminaba nunca. Voces susurraban en sus oídos, frías y crueles, y manos invisibles se deslizaban por su piel con una familiaridad aterradora.
—¡No me toquen! ¡Suéltenme! —gritó con desesperación, pataleando entre las sombras de su mente—. ¡Josh, por favor, ven por mí!
Al oír los gritos desde la entrada, y al ver s