La madrugada envolvía los terrenos de la mansión Winchester en un manto de niebla fría y silenciosa. Lion se movía con la sigilosa precisión de un depredador, evitando los haces de los reflectores automatizados y los campos de sensores que él mismo había ordenado instalar. No iba vestido para los negocios, sino con ropa oscura y funcional. No llevaba una tableta con informes, sino un arma reglamentaria en una pistolera al costado y un comunicador de largo alcance. Andrés, un paso detrás, era su