El ala este de la mansión Winchester exhalaba el perfume rancio del polvo y los recuerdos sellados. Lion empujó la pesada puerta de roble del estudio de su padre, un espacio que no pisaba desde el funeral. La habitación era una cápsula del tiempo de una era de fría austeridad. No había retratos familiares cálidos, solo óleos de antepasados de mirada severa y un enorme globo terráqueo marcado con alfileres que señalaban las conquistas comerciales del imperio familiar.
Con un nudo en la garganta,