El coro del Contrapunto, una disonancia deliberada esparcida por los océanos del mundo, fue la honda que golpeó al gigante. La respuesta de Aris Thorne no se hizo esperar, pero no fue la que Croft —o Aurora— habían anticipado.
No hubo un contraataque masivo. No hubo una escalada de la frecuencia de anclaje. En cambio, hubo silencio. Un silencio digital absoluto desde los Urales. Las emisiones cesaron. El complejo principal pareció apagarse en los sensores térmicos, como si se hubiera hundido en