No hubo ceremonia. No hubo discursos, ni cortes de cinta, ni inauguraciones ante la prensa. El final de la primera gran saga de la Fundación Aurora no era un evento para celebrar, sino una verdad para asumir.
Se reunieron en Cornualles, en el mismo acantilado ventoso cerca de la cueva donde once años atrás Clara, Samuel y Gabriel habían descubierto el naufragio del corsario, el origen manchado de su legado. El viento soplaba fuerte, trayendo consigo el olor salino del Atlántico y el grito de la