Bajo la luz azulada de las pantallas, el estudio se había convertido en el cuartel general de una guerra silenciosa. La revelación de la traición de la Sra. Higgins flotaba en el aire, un veneno que había contaminado cada rincón de la mansión que Lion llamaba hogar.
—No podemos actuar aún. —Murmuró Gabriel, sus dedos volando sobre el teclado para consolidar la evidencia. —Es nuestro único canal hacia Camila. Si la confrontamos, cortamos el hilo.
Lion se paseaba como un felino enjaulado, la ener