El frío hizo que todo el cuerpo de Ezra temblara. Recordó el rostro de su adorada madre, su voz dulce y sus abrazos amorosos. No quiso imaginar sus ojos llenos de lágrimas al encontrar el cuerpo de su hijo, su cuerpo, inerte sobre el pasto.
Pensó en su padre; de seguro también gritaría y se lamentaría por él.
Entonces su mente lo llevó a Noahlím… y aunque una voz le gritó que a ella no le importaría tanto, otra —más baja pero insistente— le aseguró que, por supuesto, sería doloroso para ella. Q