Después del reencuentro, después de las lágrimas y los abrazos, se sentaron.
Noahlím jugaba en el regazo de Noah. Le jalaba el cabello. Le tocaba la nariz. Reía con esa risa adorable, de verdad encantadora que le partía el alma de pura ternura.
Leah comenzó a contar.
Le habló del cruel Karluz. Un lobo deforme que gobernaba este territorio con puño de hierro. Que se alimentaba del miedo de las lobas. Que las mantenía prisioneras bajo amenazas constantes.
La voz se le quebró al describir la ma