Su mente no terminaba de procesar lo sucedido: la humedad en su ropa, la incapacidad de moverse. Ese ser giró la cabeza en otra dirección. Retiró su tentáculo extraño de su cuerpo y Ezra tembló al sentir un frío inusual en la nuca. Luego de tantas veces de sanar a los demás, al fin supo a qué olía su propia sangre.
Pasó la mano por su túnica y confirmó que estaba bañado en ese líquido rojo. Escuchó pasos lejanos, percibió voces alrededor; todo le pareció un eco distante. Trató de levantarse, pe