Sus ojos se veían cada día más apagados.
Cassian lo notaba. Lo veía en la forma en que Noah miraba el horizonte sin realmente ver nada. En cómo los hombros se le habían encorvado apenas. En el tono de voz que se volvía más ronco, más vacío con cada día que pasaba.
Ella se había ido. Junto a su hija.
Llevaba cinco días dando vueltas. Recorriendo cada sendero. Cada pueblo cercano. Cada campamento de nómadas que encontraban.
Olía con atención. La nariz pegada al suelo donde creía haber detectado s