C39: Aburres a todos.
El grito retumbó en el jardín. Era Alaska, quien venía caminando enfurecida, con los ojos encendidos de rabia.
Ámbar no tuvo tiempo de reaccionar. Cuando Alaska llegó hasta ella, levantó la mano sin vacilar y la abofeteó con todas sus fuerzas. El rostro de Ámbar giró hacia un costado por el impacto, y durante un segundo, todo se detuvo.
—¡Eres una maldi*ta estúpida! —le gritó Alaska, temblando de furia—. ¿Estás feliz ahora? ¿Ya estás contenta? ¡Me humillaste frente a toda esa gente! ¿Cómo pudi