—Vidal fue mi mayor trofeo —presumió Alaska, con una sonrisa curvada, una que parecía doler más que cualquier bofetada—. Fue lo mejor que he logrado. Ahora solo te queda mirar cómo me quedo con el amor de tu vida, con el hombre con el que hiciste tantos planes. Él ahora está conmigo, y vamos a ser una familia con ese bebé que estás esperando. Ese bebé que estás cargando es nuestro. Vidal me ama y se casará conmigo. Supongo que ya es hora, pues llevamos juntos tres años.
Ámbar se quedó en shock t