162: Eres demasiado posesivo.
Raymond sintió que algo se quebraba dentro de él. En un impulso que no logró contener, avanzó un paso y aferró con fuerza el cuello de la camiseta de Vidal, arrugándola entre sus dedos. Lo atrajo hacia sí con brusquedad, obligándolo a mirarlo directamente, con los ojos encendidos por una rabia que pocas veces había permitido salir a la superficie.
—Escúchame bien —impuso—. No voy a permitir que te burles de mí. No voy a permitir que te quedes con Ámbar. Yo fui quien la vio primero, yo me enamor