162: Eres demasiado posesivo.
Raymond sintió que algo se quebraba dentro de él. En un impulso que no logró contener, avanzó un paso y aferró con fuerza el cuello de la camiseta de Vidal, arrugándola entre sus dedos. Lo atrajo hacia sí con brusquedad, obligándolo a mirarlo directamente, con los ojos encendidos por una rabia que pocas veces había permitido salir a la superficie.
—Escúchame bien —impuso—. No voy a permitir que te burles de mí. No voy a permitir que te quedes con Ámbar. Yo fui quien la vio primero, yo me enamoré de ella, y tú… si realmente tuvieras códigos, si realmente fueras alguien honorable, ¡te habrías hecho a un lado! Al saber que yo la quiero… tú no podías desarrollar sentimientos hacia ella. ¡No podías!
Vidal no retrocedió. No se estremeció ni se dejó intimidar.
—Cálmate —respondió con frialdad—. No estás en posición de reaccionar de esta manera. Eres demasiado posesivo, Raymond. Ámbar ni siquiera es tuya. Nunca lo ha sido, y como están las cosas nunca lo será. Como te dije… aunque yo me haga