C161: Entre ustedes no hay nada.
El mundo de Raymond pareció detenerse. En su interior algo se quebró. Su mente se quedó en blanco, como si una parte de sí misma se hubiera desconectado de la realidad para no derrumbarse en ese instante.
La mano de Vidal seguía en su hombro, casi anclándolo al suelo, pero ya no sentía su peso; solo un zumbido persistente en sus oídos, un dolor punzante que avanzaba desde el pecho hasta la garganta, impidiéndole respirar con normalidad.
Raymond parpadeó varias veces, como si las palabras recién escuchadas hubieran sido pronunciadas en un idioma que no terminaba de comprender. Inspiró profundamente, tratando de aclarar su mente, y finalmente logró articular una frase que salió casi estrangulada.
—¿Qué estás diciendo? —murmuró—. ¿Que… se enamoró de ti?
Vidal dejó caer el brazo con lentitud, como si la conversación lo pesara, y asintió.
—Pues… sí —respondió—. Ella me lo dijo. Y lo primero que pensé fue en ti, Raymond, porque sé lo que sientes por ella. He tratado de encontrar las palabra