2/1

Las manos de la monja eran firmes y sorprendentemente cálidas. Por un segundo, mi mundo de traiciones y tiroteos se desvaneció en las sombras del sótano. Me apoyé contra una estantería metálica, sintiendo cómo vibraba con cada una de mis respiraciones entrecortadas

El frío del cemento le calaba, pero el fuego en su costado lo mantenía despierto. El tiempo se agotaba: perdería el conocimiento o la novicia regresaría antes de pedir ayuda. Con esfuerzo sobrehumano, sacó el auricular de Elías. Sus dedos ensangrentados mancharon el dispositivo, impulsados por la urgencia. Apoyado contra una caja de madera, apretó los dientes con un crujido sordo mientras esperaba la señal."

¿Jefe? ¿Es usted?—La voz de Elías suena agitada,Ede fondo se escuchan sirenas y el motor de un coche a toda velocidad.

estoy en el sector viejo una novia me ayudó así que no vengas

Señor, está perdiendo mucha sangre, necesitamos sacarlo de ahí —responde con urgencia.

No..—lo interrumpo soltando un gemido de dolor—No hasta que el camino esté limpio. Vargas cree que estoy muerto o huyendo hacia los muelles. Deja que sigan buscando allá—Tú alista al "Doc" y un coche discreto yo te aviso cuando lo ocupe. Y Elias si alguien que no seas tú cruza esa puerta antes de que dé la orden, no quedará nadie para contar la historia.

El auricular resbaló por su pierna. Ignorando el fuego en su costado, Alexander se puso en pie con un gruñido. La puerta del sótano chirrió, proyectando su sombra sobre el pasillo donde Lucía retrocedía ante Sor Úrsula. De pronto, ella sintió su presencia sólida a la espalda. Alexander apareció apoyado contra el marco, estabilizando la pistola sobre su antebrazo herido. Apuntaba al suelo, pero la amenaza vibraba en cada uno de sus músculos."

Sor Úrsula... —la voz de Alexander cortó el aire como una cuchilla fría—. Mire a su alrededor. Este convento se cae a pedazos y sé que sus oraciones no pagan los materiales—Sor Úrsula se quedó de piedra, alternando la mirada entre el hombre herido y el arma que descansaba sobre su brazo—Le voy a dar una cantidad de dinero que nunca ha visto en su vida—continuó él, con los ojos fijos en la monja, ignorando el dolor punzante—. Una fortuna para restaurar este lugar de arriba abajo. A cambio, solo quiero tres días. Tres días para contactar a mi gente.

Sor Úrsula aceptó, aunque el brillo de la codicia en sus ojos me dejó claro que su silencio tenía fecha de caducidad. Dos días después, el fuego en mi costado había bajado a un rescoldo tolerable. Aproveché que Lucía había salido a buscar vendas limpias y algo de cena para encender el auricular y contactar con Elías.

Vargas sigue en la bodega—me informó Elías, su voz está distorsionada por la estática—Pero

algo no cuadra, Alexander. Emiliano, 'el Gato' de don valeriano, está ahí con él —La mención de Emiliano me tensó los músculos. Sabía que su presencia solo significaba una cosa: traición o un movimiento que no habíamos previsto.

Le pedí a Lucia que me ayudara a salir aunque al principio se opuso al final me ayudó, Lucía me gio a la salida del convento al caer la noche. Caminábamos por las sombras, mis pasos eran lentos y cada movimiento me arrancaba un latigazo de dolor insoportable que me nublaba la vista. Pero no me detuve. Tenía que regresar a esa bodega; no iba a permitir que Vargas se saliera con la suya, no después de haberme dejado desangrar en un sótano

Al llegar a la bodega a pesar de tener la cara pálida por la pérdida de sangre lograba sostener el arma.

!Se acabó, Alexander!—gritó su enemigo, riendo entre las sombras—El convento solo retraso lo inevitable.

Lo inevitable jajajajajajaja no le hagas reír — dije, Elías me había avisado un día antes diciendo que Vargas seguía en la bodega que estaba reuniendo con Don Valerio.

Mejor dime qué es lo que busca en mi organización Vargas— le digo aunque ya me voy imaginando lo que quiere y es lo que todo mundo busca de mi.

Quiero tu poder, tu estatus todo lo que has construido y si para eso necesito deshacerme de ti y la llave maestra pues lo hare—la llave maestra dije para mí mismo — así que mírate adonde estás ahorita mismo— levantando su arma apuntando a la cabeza.

El aire en la bodega era pesado, muy distinto al silencio del convento. Cuando una hilera de bidones metálicos,empezaron a caer provocando un estruendo que hizo que todos los hombres apuntaran hacia la oscuridad.

¿Qué fue eso? ¡Revisen allá! —ordenó Vargas parándose hacia el ruido, sus hombres empezaron a caer

aprovechó su descuido,solo un segundo de confusión para moverme, pero antes de atacar, su mirada se desvió hacia el rincón donde vi esos ojos que yo conocía al instante lucia intentaba hacerse invisible. Sus ojos se encontraron al instante con los mios. En la mirada no había gratitud, sino un destello de furia y terror ella no debería estar ahí." Si lo llegarán a atrapar estaría muerta

¡Lucia! ¡Baja de ahí ahora mismo! —dije con una voz que cortó el aire incluso por encima de los gritos.

Vi a Lucía descender por la escalera de emergencia de la pasarela y sus manos temblaban tanto que temí que resbalara. Justo cuando sus pies tocaron el suelo, el estruendo de dos disparos hizo saltar pedazos de concreto a centímetros de su cabeza. Ella soltó un grito ahogado que me perforó el pecho. Antes de que el pánico la paralizara, la agarré del brazo con una fuerza bruta y la arrastré hacia la oscuridad, refugiándose tras una columna de hormigón.

¡¿Estás loca?! ¡¿Qué demonios haces aquí?!—le rugí al oído, con la respiración entrecortada.

Tenía miedo de que te pasara algo—me respondió. En sus ojos vi ese destello de terquedad que tanto me desarmaba.

​Te dije que te quedaras en el—​No pude terminar. El eco de botas pesadas se acercaba con rapidez. Elías, desde su posición elevada, abrió fuego para cubrirnos, obligando a los primeros atacantes a buscar cobertura. Sin pensarlo, asomé mi arma y disparé dos veces, no una respuesta seca y precisa que los hizo retroceder hacia el otro extremo del pasillo.

El auricular cobró vida con la voz urgente de Elías:

¡Jefe, están llegando refuerzos! Son demasiados, ¡tiene que sacarla de ahí ahora mismo!

Dame cinco minutos. Alista todo, hoy mismo nos vamos —le ordené, tomándola de la mano mientras hacía una señal a Elías. Dejamos atrás el estruendo de la bodega, pero el peligro nos pisaba los talones. Apenas sostenía el paso; la herida de mi costado se había abierto por el esfuerzo de correr.

Mi sangre volvió a empapar mi camisa, Veía como lucia cargaba con mi peso, cuyos pasos eran cada vez más erráticos y pesados por lo cansado que estaba. Cuando cruzamos el umbral del jardín del convento mis fuerzas finalmente cedieron ya no podía moverme más que me desplome sobre la hierba húmeda, cerca de la fuente, con la respiración convertida en un silbido ronco.

ya casi ya estamos aquí, Alexander—susurró Lucia arrodillándose a mi lado sosteniendo mi cabeza mientras luchaba por no perder el sentido.

Me salvaste otra vez—logré decir en un suspiro justo antes de que el silencio del jardín fuera roto por el chirrido violento de los neumáticos sobre la grava. Tres camionetas negras, blindadas y cubiertas de polvo, se detuvieron frente a la pesada puerta de madera.

Lucia sabía que ya venían su gente por el pero no esperaba que el aire se volviera tan pesado, de repente de los vehículos bajaron hombres que parecían sacados de una pesadilla, trajes oscuros, rostros impasibles y el bulto inconfundible de armas cortas bajo sus chaquetas, abrieron con la autoridad de quienes son dueños de la ciudad, Elías bajo la mirada fría se detuvo frente a la Madre Superiora, quien llegaba casi corriendo al escuchar el ruido.

Venimos por el jefe—dijo elias. Su voz no era un ruego, era una sentencia.

Llegas tarde Elías —dije, aunque mis ojos buscaron rápidamente a lucia entre las columnas cuando intentaba ponerme de pie m debilidad no me dejaba dos de mis escoltas más cercanos se aproximaron con pasos rápidos pero cuidadosos.

Alexander ¡estás bien!— preguntó Elías —perdón por la demora pero tenía que despistarlos antes de venir por ti —murmuro Elías mientras le ofrecía el hombro para apoyarse. Al momento de alzarme solté un quejido sordo cuando me ayudaron a avanzar, lo sujetaron con firmeza, listos para cargarlo si era necesario.

El médico ya nos está esperando, señor—le informó el otro en voz baja.

Tenemos que salir ahora mismo si queremos llegar antes del amanecer — le informó Elías.

Detente—dije a pesar de mi dolor hice una señal para que se detuvieran un momento frente a la Madre Superiora, quien nos observaba desde el final del corredor.

Madre—dijo, recuperando el tono de mando en su voz— tendrá el dinero como quedamos. El convento recibirá la donación completa solo espérame, yo no olvido mi promesa Considerarlo un pago por su hospitalidad... y por haber hecho lo que otros no se atrevieron.

La Madre Superiora asintió con una seriedad solemne. Mientras lo ayudaban a caminar hacia la salida, a pesar de que buscaba con la mirada a Lucia nunca la vio

por otro lado Lucia con el corazón acelerado, viendo cómo se llevaban al hombre que acababa de salvar, sin saber que su mundo y el de él estaban a punto de chocar de nuevo.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP