valeriano 4

Valeriano irrumpió en su despacho con la impaciencia de quien acaba de bajar de un vuelo y no tiene tiempo para cometer errores. Arrojó su maletín sobre el escritorio y, sin quitarse siquiera el abrigo, extrajo el pesado libro de cuero de su escondite secreto con un movimiento brusco y familiar. Se desplomó en la silla, emanando una autoridad que hacía que el aire en la habitación se sintiera más pesado.

Mañana llega la carga y quiero que todo esté en orden Mario —gruñó, su voz era un látigo de frialdad.

Abrió el libro con un golpe seco por la pestaña marcada como 'Cargas'. Pero, al bajar la vista para verificar las rutas y los cobros de protección, su rostro se transformó. El ceño se le frunció con una fuerza violenta y sus dedos se tensaron sobre el papel amarillento. Algo no cuadraba. El silencio que siguió fue el preludio de una tormenta; alguien había cometido un error, y Valeriano no era hombre de perdones."

Donde deberían estar las coordenadas de los camiones y los montos de dinero, solo había hojas de papel en blanco o, peor aún, páginas de un cuaderno escolar común con anotaciones sin sentido. Al principio pensó que se había equivocado de libro, pero al revisar la cubierta, era el suyo.

Empezó a pasar las páginas con desesperación. 10 páginas, 20 páginas... nada. El libro original, el que contenía la contabilidad de años y los planes de asalto, había sido arrancado y sustituido por hojas limpias.

¿Qué demonios es esto?—susurró, con un nudo en el estómago.

Cerró ese libro y sacó el segundo, el de los contactos internacionales. Al abrirlo, ocurrió lo mismo. El contenido real no estaba. alguien había tomado el tiempo de desarmar los libros y volver a encuadernar con hojas falsas para que, a simple vista, él no sospechara nada.

¡Mario! — gruño volviendo a revisar los libros esperando a que se haya equivocado —se puede saber quién estuvo en mi oficina — dio un grito de tensión.

Valeriano— hablo Emiliano al instante que va entrando a su oficina — dicen los muchachos que la señorita Lucía estuvo aquí mientras tú no estabas —soltó Emiliano.

Entró a la oficina y dijo que necesitaba unos libros para su tarea. Se quedó un buen rato aquí en su oficina — termino de decir Mario. Valeriano dejó de pasar las páginas del libro de cuero y levantó la vista lentamente, sus ojos inyectados de sangre por el viaje

¿Para su tarea? —repitió Valeriano, y su voz bajó un octavo, volviéndose peligrosamente —¿Quien estuvo con ella?—pregunto pero hubo silencio por parte suya — Mario. Esta oficina no es una biblioteca escolar..... Espero por tu bien que solo haya tocado los libros de la estantería y no lo que guardo en este escritorio.

¡Trae a Lucía ahora mismo! —gritó hacia el pasillo.

no espero a que la llevaran, Fue él mismo quien corrió hacia la habitación de Lucia mientras Emiliano lo seguía. Valeriano entró sin llamar, esperando encontrarla leyendo o durmiendo, listo para exigirle que le devolviera su vida. Pero la habitación estaba en un silencio sepulcral.

¡Lucía! —gritó de nuevo.

Abrió el baño, el vestidor... nada. Al tocar las sábanas de la cama, notó que estaban frías. Miró el tocador y vio que faltaban sus documentos personales y las joyas que siempre usaba.

Señor... —dijo Emiliano revisando el balcón—, la cerradura de la ventana está forzada desde dentro. No está en la casa. Nadie la vio salir por la puerta principal.— Valeriano lo quedó mirando.

Traigan las grabaciones ! —ladró Emiliano a uno de los guardias, quien obedeció al instante.

Valeriano regreso a su oficina a seguir revisando los libros,su mandíbula se tensaron al sentir la agitación de su segundo al mando. Emiliano regresó con una tableta y la golpeó sobre el escritorio, interrumpiendo a su jefe.

Mira esto,fue de hace una semana Valeriano. No entró a estudiar —dijo Emiliano, deslizando el dedo por la pantalla para retroceder el video—. Aquí está Lucía.

En el video en blanco y negro, se veía a la joven salir del despacho abrazando algo contra su pecho con una desesperación evidente. La cámara del jardín la captó dos días después —se movía entre las sombras, agachada, huyendo de la casa sin ser vista por la seguridad, saltando prácticamente hacia la libertad de la calle.

Se escabulló como una rata —escupió Emiliano con desprecio—. Y dudo mucho que esa urgencia fuera por entregar una tarea de la escuela— El pánico a Valeriano empezó a mezclarse con la rabia,no solo se había quedado sin hija, se había quedado sin el registro de su negocio. Estaba ciego. No sabía a quién cobrarle, ni por dónde venía la mercancía de mañana.

Se ha llevado los libros... —murmuró Valeriano dándose cuenta de la magnitud del desastre—. Esa maldita se ha llevado toda mi organización con ella.

Valeriano caminaba de un lado a otro en el salón, como un animal enjaulado. La humillación le quemaba, Se detuvo frente a Emiliano y sus hombres más leales —Escuchen bien —dijo Valeriano, bajando la voz a un tono peligrosamente tranquilo—Lucía no está. Se llevó los libros, Si alguien de fuera de esta habitación se entera de que una mujer me ha dejado ciego y sin cuentas, estamos acabados. vicenzo nos devorará vivos si saben que hemos perdido el control de nuestras propias rutas.

Emiliano asintió, entendiendo la gravedad. No era solo una hija escapando, era el colapso de su imperio —Quiero dos equipos —ordenó Valeriano— Revisen cada casa de seguridad,cada apartamento que ella conociera. Busquen en las estaciones de tren y en las salidas por carretera. Lucía es lista, pero no tiene los contactos para desaparecer por mucho tiempo sola. Alguien tuvo que ayudarla a salir de la mansión.

Uno de los hombres preguntó con duda— Señor... si la encontramos y se resiste... ¿qué hacemos?—Valeriano lo miró con unos ojos que ya no tenían rastro de afecto paternal.

Traigan los libros intactos. Eso es lo primero. A ella... tráiganla como sea. Si tiene que ser por la fuerza, que así sea. No me importa si llega con moretones, pero la quiero viva para que me diga quién le dio la idea de traicionarme.

Hizo una pausa y golpeó el pomo de su bastón contra el suelo —¡Y que nadie use las radios abiertas! No quiero que la policía ni las otras familias capten que estamos buscando algo. Usen frecuencias privadas. Si alguien pregunta, es un asunto interno de la familia Valeriano.

Los hombres asentaron con la cabeza esperando otra orden pero, valeriano los queda mirando — ¡Muévase! — grito—Los hombres salieron en silencio, con una eficiencia fría. Valeriano se quedó solo, mirando los libros vacíos sobre la mesa. Se sirvió otro trago, pero sus manos no dejaban de temblar —¿Con quién te aliaste, Lucía? —susurró para sí mismo—. ¿Quién te dio el valor para hacerme esto?.

El teléfono personal de Valeriano vibró sobre la mesa de caoba. Al ver el nombre en la pantalla, el aire se le escapó de los pulmones. Era Vincenzo. Trató de recomponer la voz, se aclaró la garganta y contestó al tercer timbrazo.

Dime Vincenzo —dijo Valeriano— intentando sonar firme.

Valeriano —la voz de Vincenzo al otro lado era una calma gélida, un susurro que cortaba más que cualquier grito—Dime... ¿cómo te fue con los cobros pendientes? ¿Y qué pasó con el imbécil que se atrevió a dudar de la mercancía?.

Valeriano apretó el auricular, sintiendo el peso de esa calma —Todo bajo control—respondió con voz firme pero respetuosa—. El dinero está en camino y el imbécil... bueno, ese ya no volverá a tener dudas sobre quién manda aquí.—Valeriano cerró los ojos, apretando el puente de su nariz —Asi que todo está en orden con los pagos, Vincenzo —dijo Valeriano, manteniendo la voz firme aunque la rabia le quemaba por dentro al recordar las imágenes de la cámara—. Pero voy a necesitar tres días... Han surgido unos asuntos familiares delicados que requieren mi atención personal. Se resolverán de inmediato

Al otro lado de la línea, se hizo un silencio denso. Entonces, la voz de Vincenzo volvió a sonar, más gélida que nunca—Ese "asunto personal" es Lucía, ¿verdad? —Vincenzo ni siquiera esperó una confirmación, su tono dejaba claro que lo sabía todo—. Tienes tres días, Valeriano. Pero asegúrate de que esa niña no se convierta en una distracción permanente. Si tú no puedes poner orden en tu casa, lo haré yo. Mañana tenemos que mover la mercancía del muelle 4 y necesito que tus hombres estén enfocados en eso y no en la rabietas de tu hija.

Valeriano apretó la mandíbula, sintiendo una punzada de rabia al verse amenazado— No te preocupes. Ya mis hombres saben —respondió Valeriano, con una voz cargada de una fría seguridad—Nadie va a estropear lo que estamos construyendo.

Colgó el teléfono antes de recibir respuesta y miró fijamente la pantalla de la tablet donde la imagen de Lucía huyendo seguía congelada.

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