El regreso a Manhattan no fue un choque, sino un lento y constante ajuste a una realidad que ya no era la misma. La burbuja de Martha's Vineyard había estallado, pero en su lugar había surgido algo nuevo y frágil: una relación titubeante que se abría paso entre las ruinas de su comienzo adversarial.
Charlotte volvió a su apartamento en Brooklyn, a su trabajo en el museo, a la rutina de pañales y biberones. Pero todo parecía teñido por un nuevo filtro. Los espacios que antes se sentían llenos de