La invasión Rinaldi terminó tan abruptamente como había comenzado, con promesas de reunirse en Nueva York y un sinfín de besos y abrazos que dejaron a Charlotte mareada. La casa recuperó su silencio, pero la paz que había encontrado con Adriano se sentía ahora frágil, como un cristal con una grieta fina. Las palabras de Fiorella resonaban en su mente: "*Tiene miedo. Un miedo muy profundo*".
De vuelta en Brooklyn, la vida intentó encontrar una nueva normalidad. Charlotte volvió a su trabajo en e