La luna de miel en Martha's Vineyard fue una extensión tranquila y doméstica de la boda. No hubo viajes exóticos, solo paseos lentos por la playa, siestas bajo el sol y tardes jugando con Sophie en la arena. Para Adriano y Charlotte, cada momento de calma era un lujo, un tesoro robado a la inminente tormenta que sabían se avecinaba.
La tormenta llegó una semana después de regresar a Nueva York, en la madrugada de un martes. Charlotte se despertó con una presión feroz en la parte baja del vientr