La luna llena se filtraba por la ventana del dormitorio, bañando la estancia en una luz plateada y fantasmal. Charlotte dormía de costado, su vientre monumental elevando las sábanas como una suave colina bajo la cual dos vidas danzaban. El reposo forzado había terminado, pero Adriano se había quedado. Ya no en el sofá-cama, sino en un colchón en el suelo al lado de la cama, por si ella necesitaba algo durante la noche. Un quejido bajo, cargado de incomodidad, salió de los labios de Charlotte. N