La primera salva es un trueno. La pesada puerta de entrada de roble se desintegra en una lluvia de astillas de madera y metal torcido. Las lámparas titilan, sumiendo la gran entrada en una penumbra danzante, marcada por los haces de las antorchas tácticas del exterior. El aullido de la alarma es ensordecedor, un animal herido que grita a la muerte.
No dan órdenes de rendición. No gritan. Entran. Rápidos, fluidos, un equipo de cuatro hombres de negro, con cascos, sus armas barrendo el espacio. P