Cinco inviernos han pasado.
La casa de madera ha terminado por asentarse en el paisaje, como si siempre hubiera estado ahí, como si los árboles que la rodean hubieran crecido a su alrededor con esa intención. Se ha añadido un porche acristalado desde el segundo invierno, un pequeño capricho que Sofía defendió con esa terquedad suave que solo ella posee. Allí pasa las tardes, envuelta en mantas, leyendo novelas olvidadas o simplemente observando las aves que desafían el frío para frecuentar el l