SOFÍA
Me despierto sin abrir realmente los ojos.
La habitación ha cambiado. La temperatura, el aliento. Como si la noche misma se hubiera deslizado entre las sábanas. Reconozco su olor antes incluso de sentir su cuerpo: el agua tibia de la ducha, la sal que se adhiere a su piel, y bajo esta capa frágil, algo más oscuro, más tenaz.
Él se acuesta a mi lado. El colchón se hunde, la sábana se tensa, y mi cuerpo ya sabe que está allí. No me muevo al principio, lo escucho. Su respiración no es regu