La decisión ha llegado. Un murmuro, primero, traído por el guardia de rostro menos cerrado. Luego confirmado por el Maestro Kessler, con los ojos enrojecidos por el cansancio pero brillando con una victoria contenida. El acuerdo está aceptado. Bajo condiciones. Bajo vigilancia. Pero aceptado.
Los trámites llevan días. Firmas, contrafirmas, protocolos de seguridad. Nos trasladan, a Sofía, a Marco y a mí, a un lugar mantenido en secreto, una casa segura del gobierno, perdida en el campo. No es la