Elio
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Mi abogado se llama Maestro Kessler. Un hombre con un traje arrugado, que huele a café frío y estrés. No parece un héroe. Parece un hombre que pierde la mayoría de sus casos.
Pero esta mañana, al entrar en la celda, su mirada es diferente. Un brillo intenso, casi febril, detrás de sus gafas.
— Han recalculado, Elio. Quieren tu cabeza, eso es seguro. Pero también quieren la del Buró. Más que nada.
Deja su viejo maletín sobre la cama, lo abre. No hay documentos. Una tablet que enciende.
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