ELIO
La casa duerme cuando llego. Todo está en calma, inmóvil, como si las paredes hubieran contenido la respiración esperando mi regreso. La llave chirría en la cerradura, y ese simple sonido me parece obsceno, demasiado vívido después de la sinfonía fúnebre del almacén.
Entro, dejo mis zapatos en el umbral, y ya el aire cambia. Aquí, ningún olor a sangre, ninguna traza de pólvora: solo el calor discreto de la madera, un perfume de ropa fresca, la respiración lejana de la mujer que me espera s