La fortaleza estaba lista. Las mesas repletas de manjares, los candelabros encendidos iluminando cada rincón, y los guardias apostados en torres y pasillos. Todo parecía perfecto… demasiado perfecto.
Serena observaba desde el balcón principal junto a Dante y Mikhail. Sus ojos verdes reflejaban las luces de las antorchas que danzaban con el viento. Algo en el aire le pesaba, como si las paredes mismas quisieran advertirle de un peligro cercano.
—Hoy marcará un antes y un después —dijo Mikhail, c