El eco de la reunión aún flotaba en las paredes de la sala de consejo. Apenas habían terminado de brindar cuando la maquinaria de la fortaleza empezó a moverse como un reloj perfectamente engrasado. Mikhail, Dante y Serena no perdieron tiempo: el primer movimiento debía llegar a cada rincón de Italia y más allá.
En una mesa larga, artesanos traídos especialmente desde Florencia trabajaban sobre finos sobres de papel marfil. Cada invitación llevaba el escudo de La Roja grabado en relieve y era s