El monitor emitía un pitido constante, regular, casi hipnótico. Para cualquiera habría sido un sonido tranquilizador. Para Dante era una cuenta regresiva silenciosa.
No se había movido del lado de la cama desde que llegó. No había comido. No había dormido. No había soltado la mano de Serena ni un segundo. Su pulgar rozaba el dorso de la de ella con un movimiento mínimo, casi imperceptible, como si ese gesto pudiera anclarla a este mundo.
Serena respiraba lento, sedada, pero su ceño seguía frunc