Serena cerró la puerta de la caravana con un suave clic, asegurándose de no hacer ruido. El aire fresco de la tarde era un alivio, pero el miedo se apoderó de ella. Dejar a Dante solo, herido e indefenso, iba en contra de todos sus instintos. Apretó el puño, las llaves de la caravana se enterraron en su piel. Tenía que volver pronto, no podía dejarlo a la vista de nadie por mucho tiempo.
Caminó por un sendero de tierra hasta la carretera principal, el sol ya se estaba poniendo, y el cielo se te